2017

El mito fundacional de Bruce Lee se sustenta en cuatro filmes, rodados todos entre 1971 y 1973. Tras haber interpretado un par de roles televisivos secundarios en los Estados Unidos, Lee regresó a Hong Kong para firmar contrato con Raymond Show y su productora Golden Harvest, poniéndose a las órdenes de Wei Lo en “Tang Shan Da Xiong” (The Big Boss) primero y luego en “Jing Wu Men” (Fist of Fury) donde dio vida a personajes que establecían el equilibrio moral a través de la venganza. Para la tercera pieza “Meng Long Guo Jiang” (The Way of The Dragon), Lee se hizo del control total de la producción y dirección del filme debido al gran éxito alcanzado con sus obras previas. La temática seguía (y seguiría) siendo exactamente la misma.

La occidentalización de su “triunfo” vino de la mano de “Enter The Dragon” donde Robert Clouse se encargaría de universalizar la figura icónica de Lee entre el público de Europa y los Estados Unidos, aunque ya antes “el Bruce” había dejado un proyecto inconcluso, titulado tentativamente “Game Of Death”, que sería posteriormente armado y remendado chapuceramente como una especie de Frankenstein oportunista, con material residual y escenas no oficiales, para lanzárselo a las masas tras la muerte de Lee y mantener el negocio de alguna forma vivo.

Bruce murió misteriosamente seis días antes de que Enter The Dragon fuera estrenada en las salas de cine y debido a lo fugaz del Lee victorioso del Jeet Kune Do y a la infinidad de imitadores que arribaron tras el vacío dejado por su ausencia, la confusión que se formó, por ejemplo, en la Cuba de mi niñez sobre la verdadera obra del peleador y actor chino-norteamericano, fue de espanto. A ello sumemos el hecho de que la inconclusa Game of Death jamás se vería en predios criollos y que una tal Game of Death 2, protagonizada por un artista marcial coreano muy parecido a Lee y que haría el papel de su hermano menor (un recorte de Lee de 5 minutos en pantalla añadió teorías grotescas y escabrosas a los muy pocos informados aficionados cubiches) se pasaría en los cines a bomba y platillo, atolondrando más a todos.

Mi afición por las películas de Bruce Lee era tal que dejé de asistir a la graduación de noveno grado porque esa noche (1984) pasaban en la tele Fist of Fury y no podía permitirme el lujo de no verla. Hoy, en homenaje a aquellos años de inocencia, he vuelto a repasarla. Y sigo pensando que es probablemente la mejor de las cintas que filmó el Bruce. Su ritmo es excelente, las peleas fabulosas y crueles y sangrientas, el final, ideal y exacto para un héroe trágico como el Chen Zhen de marras. No importa que no haya estado un Chuck Norris peleando en el Coliseo romano o la icónica secuela de un zarpazo en un torso desnudo para vender remeras. Las cosas son como son y nada supera al arte de una historia bien contada. Si acaso Wei Lo va a ser recordado por algunos por cosas como estas.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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